Se sorprendieron y alegraron mucho cuando les comentamos que habíamos viajado largo tiempo por India y que es uno de nuestros países/culturas favoritas. La conversación discurría entre lugares y comidas. Cuando ellos llegaron, nosotros ya habíamos comido y nos disponíamos a bajar a nuestra habitación. Pero al final estuvimos charlando durante mas de una hora. Acostumbrados al recatamiento y corrección americano, por un momento viajamos en el tiempo y volvieron las preguntas directas, el tono relajado, las risas,... En una palabra: la falta de protocolo. Mientras charlábamos, uno de ellos estaba cocinando huevos cocidos al curry con verduras. Toda la cocina estaba impregnada de ese olor tan familiar para nosotros. Recordé cuando estábamos en el sur de India e íbamos a un café en cual tenían ghee orgánico que estaba delicioso, y lo huntabamos en un chapati con miel. Eran nuestras tostadas estilo indio. Eso, junto a un enorme bowl de fruta fresca local (papaya, banana, granadinas..), era nuestro desayuno diario durante varios meses. La cuestión es que cuando acabaron de cocinar nos invitaron a comer. Aunque ya habíamos comido y quizas por dejarnos llevar, aceptamos comer un poco de lo que habían cocinado. Estaba delicioso, aunque picaba a muerte!!! Ya no estamos acostumbrados a esa cantidad de picante, a pesar de ir de vez en cuando a un indio desde que vivimos aquí. Y es que la comida india para occidentales a penas pica comparada con la realidad de India (si, no solo pasa con nuestros restaurantes que no son autenticos). Los chicos estaban haciendo unos cursos para una famosa compañia de telefonía que está asentada en la zona. Al día siguiente se iban y nos regalaron un paquete de ghee fresco que habían traído desde India (como si fuera ibérico para un español). Fue un bonito gesto, que agradecimos enormemente, y que me hizo añorar esa hospitalidad natural y apertura que solo los pueblos o personas humildes tienen hoy en día. Y que se está perdiendo tristemente fruto de tantos miedos.
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La semana pasada fui a la biblioteca a unas clases de conversación. Y allí conocí a un chico nepalí muy majo. Estuvimos charlando y le dije que había estado en Nepal. Es también un país que me encanta. Tanto como India o mas. Me costaba un poco entenderle, ya que su acento es muy fuerte. Pero con buena voluntad podíamos entendernos. La buena voluntad es fundamental cuando quiere comunicarte con alguien de otro país, necesitas tener paciencia y buena actitud. Krishna (nombre inventado) es hindú, como la mayoría de nepalís. Había venido a vivir a USA hace un par de meses (junto a su mujer y un hijo) porque les tocó la lotería de la Green Card. Se sorprendió gratamente cuando le hablé de Katmandú, de Pokhara, de los Himalaya, de regiones perdidas de Nepal. Flipaba cuando le conté que tomabamos leche de búfalo por la mañana recien ordeñada o que me encantaban los momos. O lo contento que se puso cuando descubrió que conocía bastantes cosas de su religión. Entonces ya no daba crédito. El Hinduismo y algunas otras religiones asiáticas, siempre me han parecido atractivas para estudiarlas (no para convertirme), quizás en mi empeño de comprender esas culturas. No se que sería primero, si el huevo o la gallina... pero estoy convencido de que las religiones tienen una enorme influencia en nuestras costumbres y estilos de vida. Sea como sea, Krishna me invitó a tomar un te a su casa y a comer otro día. Aquí en su empeño por integrarse, tienen que dejar de lado algunas de sus costumbres. Viven de forma muy humilde aunque parecida a nosotros y a pesar de no hablar un ingles correcto ambos tienen trabajo. También sufren porque la cultura americana es mucho mas diferente de su cultura que de la nuestra.
Mi conclusión en todo esto es que la cultura india y nepalí, como de alguna manera comprobé en nuestro viaje por esas tierras, es una cultura muy abierta, espontánea, generosa. Los hindúes ( y digo hindúes a propósito, porque los musulmanes que viven en India son generalmente mucho mas cerrados por lo que sea) son muy abiertos y en menos de 5 minutos te pueden preguntar desde si estas casado a cuanto ganas en tu trabajo (eso a algunas personas les resulta molesto). Y te abrirán las puertas de su casa sin casi conocerte. Y que quereis que os diga, su forma de ser me encanta. En un mundo donde prevalece cada vez mas el miedo, encontrar personas que te abren su corazon sin a penas conocerte, te hace sentirte reconfortado y con ganas de volver a confiar en la vida. Aunque solo sea por unos momentos. Me gusta la amistad profunda y duradera pero tambien la amistad profunda y efímera, propia de viajeros. Y es que cada vez medimos mas nuestras acciones. Desconfiamos incluso del generoso. Para quedar con alguien necesitamos conocer su arbol genealógico, de qué coño trabaja y quién son sus amigos. Hace tiempo que dejamos de lado nuestra intuición y lo que sentimos, para dejarnos llevar solo por la razón y el miedo a la hora de hacer amigos. Quizás por eso cada vez creamos sociedades más aisladas e individualistas donde lo único que nos preocupa es crear un espacio de paz (nuestro apartamento) donde ser vulnerables. Y en cierto modo, en nuestras casas, dejamos expresarse esa vulnerabilidad, ya que cremos que estamos "mas seguros". Pero es una seguridad ficticia. Y es un aislamiento brutal. Vivimos hacinados en apartamentos y casi lo poco que nos interesa del vecino es tener datos que nos inviten a la tranquilidad, saber que no es nadie malo. Y ya con eso nos llega. Nuestras conversaciones giran, en el mejor de los casos, en torno al tiempo. Paseamos nuestros perros o vamos al gimnasio con auriculares o el movil por miedo a que alguien nos dirija la palabra. Elegimos el cajero del supermercado que nos resulte mas familiar. Y encendemos el televisor o leemos el periodico solo para asegurarnos de que nuestro miedo es real y que tiene sentido vivir así. ¿O acaso hay otra manera de vivir?
6 comentarios:
Pues hay gente que vive más de esa manera que otra, pero en general creo que es verdad que aquí en América del Norte la gente se aisla mucho. En mi barrio hay muchos italianos, griegos, portugueses, canadienses francófonos ... que son menos cerrados que los anglos, pero aún así cuando alguien se pone a hablarme por la calle porque sí me siento como en casa inmediatamente.
No he estado nunca en la India o en Nepal, pero durante mis estancias en Senegal me llamó la atención la generosidad de aquellos que tenían tan poco, la confianza que depositaban en ti desde el principio. Qué habría sido de mi sin toda la gente que se prestó a echarme una mano!
Un abrazo a -30 ;o)
Luna: creo que es algo tipico de las culturas mas pobres, estoy convencido tras ;eer experiencias de otras personas como tu. Quizas la necesidad les obliga a confiar mas o puede que quizas aun no hayan perdido esa inocencia que el mundo occidental ha perdido. A mi tambien me hace sentirme como en casa, no hay nada como que alguien abra su corazon y te puedas relajar. Un abrazo, aqui hoy hace +10 celsius, eso aqui es calorazo! :D
No puedo estar más de acuerdo, Marco.
Cuando el año pasado andaba preparando el viaje a La India, si coincidía en algún truck stop con algún Sikh (hay muchísimos en Canadá), solía comentar mi interés por acercarme a Punjab, alguna preguntilla, etc... y en cosa de dos minutos el tono de las conversaciones y la actitud eran propias de las que mantienes supuestamente sólo con amigos de confianza.
También tengo que reconocer que los camioneros en general, nómadas de profesión, nos abrimos entre nosotros con más facilidad.
No es raro comer con álguien con quién sólo has compartido un rato de conversación previa.
Creo que ya lo conté una vez, un canadiense al que conocí durante una espera en la aduana estadounidense, después de charlar durante un rato, me ofreció irme a pasar con él la fiesta del Día de Canadá, con su familia, a un lago donde iban todos los años con sus caravanas, botes... y que incluso él se acercaba a recogerme a casa, etc... al final no pudo ser porque me pillo trabajando, pero mantuvimos el contacto durante una temporada.
Demasiada desconfianza, no se trata de confiar en cualquiera, pero hasta cierto punto, podríamos facilitar mucho más el acercamiento entre nosotros de lo que lo hacemos.
¡Un abracín!
Javi, me imagino que el ambiente de los camiones es parecido al de los viajeros, ya que de algun modo estais viajando. Y cuando viajas normalmente la gente se abre mas. Donde vivimos ahora la gente tiene un caracter mas abierto en general o sino estamos teniendo mas suerte. Aun asi predomina mucho el caracter reservado, aunque hay mucha mas comunidad y es mas facil hacer conexiones. Llegamos el dia antes de Thanksgiving y una familia nos invito a pasarla con ellos. Pero es algo poco habitual o menos de lo que me gustaria. La verdad es que a mi me gustan esas sorpresas, ese tipo de personas y me gusta la amistad profunda y efimera, no solo la durardera.
Un abrazo!!!
Algunas hermosas amistades también nacen y se desvanecen en Internet. Quién sabe a dónde llevan, y si algún día tendrás oportunidad de conocer al otro navegante. Pero qué intensas pueden llegar a ser también.
Un brindis por la espontaneidad, la chispa del momento, que hay que saberla ver y avivar para que arda. Viva la intuición y el buen rollo que fluye porque sí. Good vibrations!
Me han encantado tus reflexiones, Marcoiris.
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